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Sócrates (el coach por excelencia) ayudaba a
aprender haciendo preguntas y dejando a su pupilo
encontrar la respuesta; que la esencia del
coaching
está en que el coach ayude, asista a desarrollar
personas (como si fuera una “comadrona del
conocimiento”).
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En “Por qué fallan los equipos” Robbins y Finley
hacen un análisis valiente y acertado sobre los
factores por los que se disuelven los equipos, los
errores más habituales en la gestión y la “falsa
mitología” creada. Su lema sería: “No todo son
abrazos y cursos outdoor”.
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